Noticiero Mar Menor - Dora Helena: 'Canto porque me sale del alma, y el alma duele, se parte, ama, ríe, llora'

          

Dora Helena: 'Canto porque me sale del alma, y el alma duele, se parte, ama, ríe, llora'

De cerca
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Inmaculada Barranco. Es de noche, del escenario fluye una niebla azulada que avanza poco a poco hacia el público. Unos focos de luz roja recorren con su haz la escena de un lado a otro. Murmullos. Silencio. Se palpa una atmósfera de expectación cuando de pronto estalla la pirotecnia y se encienden las luces. Un compás frenético suena y el público, de pie, recibe con una ovación a Dora Helena, quien entra en el escenario contoneándose, con los brazos abiertos y con voz enérgica saluda y toma el teatro con sus tacones, mientras mira al cielo con todo su ser y toca, con el micrófono, las estrellas.

Sinestesia sonora

Yo canto con el alma. 

Canto porque me sale del alma y el alma duele, se parte, ama, ríe, llora. 

Proyecto mis sentidos en mi voz para transmitirle al público las sensaciones que emanan de la música: el sabor dulce o amargo de la letra, las texturas entre ritmo y pausa, los colores que destellan las notas, el aroma fresco de una estrofa y el coro de emociones que irradia del público.

Mi voz es mezzosoprano. Procuro que se sienta lo que quiero transmitir con ella. Cuando canto regalo lo mejor que hay en mí porque, para mí, es un regalo que la gente me escuche. 

Empieza la función

Me pongo muy nerviosa, pero es subir al escenario y siento la protección de mis dos tótems. Uno corre hacia mí y el otro, a mi espalda, me da paz. Hacia mí avanza una pantera negra que entra por mis piernas y sube y sube hasta que me da su voz. Me transmite energía. Adrenalina. Fuerza. 

Tras de mí, quieto,  siento que hay un elefante que me tranquiliza y me recuerda que mi familia está conmigo. A partir de ahí siento la energía de una pantera y la determinación de un elefante.

Cuando canto lo hago hasta por quienes ya no están. Siento que todas las personas queridas, que ya no están en esta vida, están ahí escuchándome.

Soy creyente.  Siento que el universo somos todos y creo que quienes no están nos transmiten su energía.

Canto a mis hijos. Quiero y necesito que mis hijos Jorge, Adara (mi bichito) y Aura   estén orgullosos de mí. Necesito transmitirles el legado de una cultura musical que se está perdiendo.  

En el escenario

En el escenario soy yo. No tengo que controlarme, estoy desnuda. En realidad,  soy una persona con mucha energía y muy enérgica. En la vida normal no puedes ser tan intensa porque es difícil seguirme. 

Sin embargo, en el escenario saco toda esa energía sin límite que soy yo y la proyecto en la actuación. Es algo que no sé explicar, lo llevo en las venas. Podría estar doce horas cantando sin parar. Me preparo física y mentalmente antes de cada actuación. Todos los días hago deporte y corro unos diez kilómetros. Me despeja la mente y me da fuerza. También medito antes de cantar, escucho mantras, sobre todo el de Tina Turner. Es como una purificación.

De Cabo Verde a San Javier

Mis padres, Julia y Ruy, son de Cabo Verde, un maravilloso archipiélago que hay bajo las islas Canarias. En diciembre de 1982 viajaron a Lisboa para celebrar las navidades con la familia y el día 24 nací yo, mi parto se adelantó y les di la sorpresa. Por eso las navidades son especiales para mí. Celebro mi cumpleaños y la Nochebuena.

Años después, por motivos de trabajo, mis padres se trasladaron a Villaseca de Laciana, un pueblo minero de León, y allí nos criaron a mi hermano Ruiz y a mí. Mi padre trabajaba en la mina y mi madre abrió una peluquería.

En la escuela, a los 7 años,  Martín, mi profesor de teatro, me escuchó cantar mientras jugaba con mis amigas y me animó a participar  en el coro del colegio, a estudiar solfeo y a hacer teatro. 

Me viene a la cabeza un recuerdo muy entrañable, el olor de los productos de Nivea que usaba  mi padre cuando se  afeitaba mientras sonaban las mornas, la música típica de Cabo Verde. Me viene el aroma de los momentos de siempre. Mi madre haciendo pollo asado en la cocina de carbón, lo aliñaba con nuez moscada y especias. Lo acompañaba con un puré de patatas que hacía con un pasapuré de esos de mango giratorio.  Lo echaba en un cuenco grandísimo verde que recuerdo como si lo tuviese aquí mismo. Mi hermano Ruiz y yo siempre estábamos jugando mientras ellos hacían las tareas. La verdad, que el regalo más grande que me hicieron mis padres fue mi hermano Ruiz. 

Los domingos, a las 11 íbamos a misa, y a la salida mi padre nos recogía con la moto, una Derbi diablo roja, de motocross, en la que nos subíamos a pasear. A mi hermano, como era pequeño, lo sentaba delante. Yo iba detrás abrazada a él. Nos llevaba al bar y nos invitaba a mosto y a pinchos de chorizo y champiñones.

Los veranos los pasábamos en Santiago de la Ribera y a los 17 años nos trasladamos definitivamente aquí. Poco a poco y a través de amigos fui contactando con diversos grupos y empecé a cantar hasta ahora.

Mi madre me dio un gran consejo, insistía en que estudiara peluquería: “Vayas donde vayas siempre encontrarás trabajo”-decía. Así que siguiendo su recomendación estudié Formación Profesional en Peluquería y Estética. Durante una temporada me dediqué a ello e incluso monté un Spa en Sucina.

Lo más doloroso

Perder a mi hija Aura en el sexto mes de gestación porque tenía una enfermedad genética que, según los especialistas, “no era apta para la vida''.

Llevaba un año queriendo quedarme embarazada pues no quería tener solo a Jorge, mi hijo. Fuimos de viaje a Mallorca y a la vuelta, una mañana al levantarme, me noté diferente y tuve la certeza de que lo estaba. Inmediatamente llamé a mi amiga la doctora Querubina y me hizo las pruebas correspondientes. Me sentía profundamente feliz, sentía su energía dentro de mí y me inundaba de fortaleza.

De esto hace cuatro años y sigo locamente enamorada de ella

Recuerdo que mi hijo y yo, desde que supe del embarazo, íbamos a distintas clínicas de la zona a que me hicieran ecografías para  poder verla. La felicidad de mi hijo era inmensa. Cuando veía las ecografías, que por entonces era una lentejita, se emocionaba.

Cuando  perdí a Aura quería estar dormida todo el día. Quería dejar de sufrir. Era muy, muy duro para mí y para Emilio, mi marido. Él estaba conmigo permanentemente. Sentí mucha rabia con su pérdida porque me parecía todo muy injusto.

Mi madre,  mi hermano y mis amigas Esther y Saray me dieron todo su apoyo y cariño. Entonces, para sobrellevar ese dolor tomé unas pastillas para dormir y así lo hice durante dos días y, de pronto, una mañana temprano, vi a Jorge y a mi perrita Luna, que no me dejaban sola ni un segundo, mirándome mientras dormía. Sus miradas se me clavaron en el corazón y en ese momento reaccioné.

Me vino a la memoria la cara de Jorge mientras mirábamos las ecografías y el amor de sus ojos. Así que me levanté del sofá y empecé a aceptar la situación

He aprendido a vivir con ese dolor y creo que nunca la olvidaré. No quiero olvidarla. Me duele su ausencia pero su recuerdo vivo me da fuerza.  No sé si es bueno o malo pero yo la llevo siempre presente. Le agradezco tanto, tantísimo, esa fortaleza que me dio mientras estuvo dentro de mí. Es más, siempre tengo presente a Aura cuando la canto la canción Halo de Beyoncé. Es una canción muy especial para mi.

Este es un tema sensible para mí. La pérdida de un hijo antes de nacer es un asunto que se silencia socialmente. A las mujeres que lo han sufrido les diría que no se callen, que expresen cómo se sienten.  Que hablen del dolor que tienen. Yo la llevé dentro; la sentía, la notaba moverse. Después, cuando la perdí,  no sabía qué hacer con ese dolor tan grande que sentía. 

Esto no es un fracaso por ser una mala mujer, y lo digo porque nos vienen muchos pensamientos negativos como que “ no me he cuidado lo suficiente”, “no valgo para ser madre”,  es como si te maltratases a ti misma. Habladlo, no lo silenciéis y buscad ayuda y apoyo para no llevarlo solas.

La vida nos da bofetadas, pero también alegrías. Mi hija Adara es como un ángel que ha venido a  revolucionar nuestras vidas con su risa y con su energía. Para mí ha sido un elemento sanador que ha influido muchísimo en la sensación de paz que tengo ahora.

La cantante Dora Helena sobre el escenario. Arriba, en la imagen principal, la mirada de la artista de Cabo Verde en una fotografía de Diego Rosique. 

Trayectoria profesional

Ya vivía en Santiago de la Ribera cuando en 2001 me presenté al casting de la primera edición de Operación Triunfo donde quedé finalista.  Y así, me introduje en el mundo de la canción. Canté en bandas y orquestas como Sueños de Luna, de Francisco Morales, de Cehegín, con quien trabajé unos diez años en giras desde el 21 de junio hasta el 14 de septiembre. No parábamos y apenas podía ir a casa.

A nivel profesional me ayudó mucho a curtirme como cantante. Un amigo, Alberto, me puso en  contacto con el grupo Marabunta, donde conocí a David, el padre de mi maravilloso hijo Jorge. Formé parte del grupo Cartaginés Tremendo Road donde interpreté canciones de Areta Franklin, Donna Sumer, Etta James, entre otras, y colaboré también con la Banda de la Tintorería de Villablino de Laciana.

He actuado de telonera para Xuxo Jones y Coti e interpretado temas originales de varios compositores. Participé como vocalista en el tema ‘El pez en Leo’ del disco Stephanie Dream 's  del saxofonista José Luís Santacruz, grabado en colaboración con el músico y productor de Los Ángeles, Michael Ferenci.

La gran mayoría me conoce por el espectáculo tributo a Tina Turner y Grandes Divas.

Cantar Tina es todo para mí. Recuerdo que de niña mi padre me puso debajo de la cuna un altavoz y me ponía a Tina Turner para dormir. Creo que por eso la tengo tan dentro de mí. 

La música para mí es vida, energía, salud, conexión. Sentirme viva, cuando canto conecto con mi alma.

Un mensaje

Para quienes quieren cantar o dedicarse al mundo de la canción les diría que las cuerdas vocales son un músculo.Todo el mundo puede cantar. Se puede nacer con una voz para cantar estupenda y, aún así, hay que educarla. Puedes ser diferente en algunos matices pero el entrenamiento de la voz y su conexión con el alma son fundamentales y es lo que nos hace diferentes y especiales a los artistas.

Al principio cantaba de oído y tuve que pulir mi voz. En León estudié solfeo y continué  mi formación. La primera profesora de canto que tuve aquí fue en Lo Pagán, la entrañable Josefina Bjork ‘Fifí’, quien fue cantante de ópera en Suecia.  

Tuve que aprender a controlar mis emociones al cantar porque me conmuevo tanto que me desbordaba. Ahora, igualmente me desnudo al cantar pero consigo controlar la intensidad de mis emociones a la hora de interpretar una canción.

Yo empecé desde abajo y he tenido la suerte de contar con el apoyo incondicional de mi madre y de mi marido Emilio. Ahora en el espectáculo llevo un equipo de 25 personas, entre ellas seis músicos, nueve bailarinas, tres coristas, una directora de escena, un director musical y el equipo técnico de luces y el de sonido. En este momento estoy trabajando en un proyecto ilusionante: sacar mi propio álbum.

Así que os animo a quienes sentís esta vocación, se empieza sola contando tan solo con el apoyo de las personas más cercanas y, si trabajas duro, entrenas la voz y ensayas una y otra vez se puede conseguir el sueño.  Quisiera hacer una recomendación muy especial y que a mí me enriquece mucho, si tenéis ocasión colaborar en causas solidarias. Vais a recibir más de lo que os podáis imaginar.

 

Baja el telón

Dora Helena es tímida. 

Dice que, al final de un concierto, cuando van a felicitarla le da “como vergüenza”. “He aprendido a agradecer-dice. Por más que me den la enhorabuena, siento que cada persona es única. Así que, si tú vienes a saludarme, me sobrecoge que tú, y solo tú, lo hagas, porque me produce un enorme respeto que me dediques tu tiempo para acercarte y felicitarme”. 

Dice que lo que llena el alma del artista es el aplauso porque es lo que transmite la energía del público. Dice que al acabar el espectáculo se va llena de esa energía y que, al llegar a casa, necesita estar dos o tres horas relajada para dar gracias al universo. 

El concierto ha terminado. Los aplausos continúan y el público ovaciona a Dora Helena. En el escenario están todos los componentes del equipo bajo una luz cegadora. Suena la música y  el elenco saluda a los asistentes. Un foco ilumina a la diva, a Dora Helena. Poco a poco, la iluminación disminuye mientras brilla su figura. Ya solo queda ella bajo la luz. Mira al cielo; extiende sus brazos y los cruza en el corazón. Se inclina;  hace una reverencia. 

Suena el mantra de fondo, se apagan todas las luces y, muy despacio, baja el telón.

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