¿Hacia dónde queremos que camine la Semana de la Huerta de Los Alcázares?

La Semana de la Huerta y el Mar, tras 53 ediciones, enfrenta un cambio de dirección tras la salida de su director. Se plantea un futuro incierto que incluye la necesidad de abrirse al folclore regional y enriquecer su multiculturalidad, manteniendo la tradición como base. Es un momento clave para reflexionar sobre su evolución y conexión con las nuevas generaciones.
Escena de la Semana de la Huerta de Los Alcázares
Escena de la Semana de la Huerta de Los Alcázares

Antonio Zapata. Historiador y cronista oficial de Los Alcázares.

La Semana de la Huerta y el Mar ha cerrado recientemente su 53 edición. El festival, como habrán observado vecinos y visitantes, vive un momento de transición. Los motivos son, principalmente, dos: Juan García, quien fuera su director y alma mater durante décadas, ha dejado las riendas del mismo y su lugar de celebración (escenario, ventorrillos y demás) se trasladó el pasado año a las calles del centro del municipio tras el abandono forzoso de la rambla y una transición por el polideportivo municipal. Si a estas vicisitudes le sumamos más de medio siglo de existencia es comprensible que, quizá, sea pertinente hacer un pensamiento sobre su futuro, que dirían en Mallorca.

La cuestión primordial es saber hacia dónde quiere ir el festival. Se plantean dos posibles caminos: seguir como hasta la fecha o dar un giro que lo acerque a los tiempos contemporáneos. Ambos sin abandonar la tradición, pues eso significaría su desaparición. En este sentido el futuro de la Semana de la Huerta y el Mar plantea algunos interrogantes. ¿Seguirán viniendo las peñas huertanas con los problemas logísticos y de renovación generacional que tienen? ¿Cuál es la imbricación real del festival con el municipio?¿Cuál es la relación coste-beneficio en términos económicos? ¿Y en términos socioculturales?

Cantera de las peñas huertanas
Cantera de las peñas huertanas

Un reto importante es la apertura al resto del folclore regional. El Campo de Cartagena es absolutamente inseparable del Mar Menor y Los Alcázares. La tradición del veraneo a sus orillas no era solo huertana sino de toda la comarca geográfica del Campo de Cartagena, desde la Sierra Minera -sin la cual no se entiende el nacimiento de Los Alcázares- hasta Fuente Álamo, y desde Sucina a La Palma. ¿Puede un festival de folclore tan vinculado al verano marmenorense permitirse el lujo de dejar al margen estas realidades? ¿No sería pertinente abrirlo a una realidad histórica y social palpable? Aún más, si cabe, en un momento como el actual, tan delicado a nivel medioambiental para la laguna salada. Es urgente y necesario tender puentes entre el campo y la orilla, que nos recuerden que formamos parte de una misma realidad, que somos más que vecinos y que tenemos los mismos retos de futuro.

La parcela histórica del festival también permite un amplio margen de mejora. La reflexión sobre nuestras raíces desde un punto de vista histórico y antropológico es siempre positiva, nos ayuda a comprendernos como sociedad y a pensar el mejor camino. ¿Por qué no apostar por el conocimiento de nuestra historia de forma abierta y accesible a la ciudadanía? ¿Por qué no crear un álbum familiar del verano alcazareño que sirva como punto de partida? Nuestros primeros turistas fueron las gentes del campo, de la Huerta, de los secanos en torno a 50 kms de distancia (sí, la Huerta también era en gran parte secano). El festival se ha abierto este año a esta posibilidad mediante las rutas musicalizadas de Las historia de la mar de Los Alcázares, donde algunos hemos aportado nuestro granito de arena. Y me consta que ilustres personalidades del mundo del folclore regional, como José Sánchez Conesa, cronista oficial de Cartagena, junto a muchos otras, están dispuestas a colaborar en transitar esta senda de conocimiento y reflexión compartida.

¿Puede un festival de folclore olvidarse de la cantera? Todos los grupos folclóricos de la Región tienen clara la respuesta. Pero no hablamos de la cantera de las peñas huertanas sino de la cantera propia. ¿Puede la Semana de la Huerta y el Mar ser el escenario donde confluyan iniciativas folclóricas y culturales del entorno de Los Alcázares? ¿Se puede intentar que los centros educativos contribuyan? Por supuesto esta propuesta necesita de una inversión real y constante que permita sumar a las nuevas generaciones a través de iniciativas vinculadas.

Grupo musical de una de las peñas huertanas
Grupo musical de una de las peñas huertanas

Dejamos para el final el aspecto, quizá, más importante y polémico. La Semana de la Huerta y el Mar siempre ha hecho gala de la multiculturalidad de su oferta folclórica, con grupos de todo el mundo, donde el canto a la diversidad es siempre su magnífico colofón. Tanto en la inauguración como en la clausura de este año el alcalde Mario Pérez Cervera remarcaba ese carácter multicultural y de lugar de encuentro en tiempos donde los muros hacen más ruido que los puentes. Sonó muy bien y es reflexión digna de aplauso, pero un lugar de encuentro no se puede reducir a dos semanas de agosto, y la multiculturalidad en el siglo XXI no se puede entender con lentes del XX. Hoy, Los Alcázares y la Región de Murcia son una realidad multicultural diaria y cotidiana. Solo hace falta pasear por las calles de cualquier núcleo urbano regional para constatarlo. ¿Pueden ser el folclore y las tradiciones de las comunidades migrantes de nuestro entorno un elemento de enriquecimiento del festival? ¿Es descabellado pensar en actuaciones de folk británico? ¿Es una locura pensar en ventorrillos de comida tradicional latina, india, rumana o magrebí conviviendo con las viandas murcianas en el futuro gastronómico de este festival?

En esta última edición se han dado iniciativas interesantes, como la actuación de Maestro Espadas, las visitas musicalizadas o el Día del Niño. ¿Puede convertirse la Semana de la Huerta y el Mar en un espacio de encuentro más real, más amplio y accesible, de culturas, generaciones y sensibilidades?

La generación de los pioneros marcó el camino del éxito desde 1972: la implicación y participación de la sociedad civil alcazareña y murciana, y el apoyo de sus instituciones. Estos pioneros tenían sus objetivos claros, eligieron la senda para lograrlos y cumplieron. El festival se institucionalizó y se convirtió en reservorio de tradiciones, vínculo de Huerta y Mar, y en una imagen positiva en la Región y en España.

Con este artículo un servidor intenta aportar elementos para un debate que se antoja necesario, planteando más interrogantes que respuestas. Lo hago como alcazareño, cronista del municipio y simple persona con interés y trayectoria en estos menesteres. Toca elegir el camino que quiere transitar la Semana de la Huerta y el Mar. Por supuesto, con el folclore y la tradición propia como sólida base para elevarnos y ganar nuestro presente y futuro. Quizá todas estas preguntas, propuestas y reflexiones parezcan inalcanzables; quizá a una parte de la sociedad algunas les parezcan descabelladas; pero quizá podamos marcarnos otras como meta en el horizonte y ver hasta dónde podemos llegar.