El viento dio tregua esta mañana de domingo, y el tablero cobró vida. Tras la incertidumbre por el temporal, las comparsas de San Pedro del Pinatar han convertido la avenida de Emilio Castelar en un despliegue de coordinación y fantasía. Este año, la temática rendía culto, precisamente, al azar.
Un jaque mate al mal tiempo
El Ballet Kebanna asumió el liderazgo con una puesta en escena que transformó a sus integrantes en piezas de ajedrez. Blancas y negras se midieron en una coreografía que funcionó con precisión. De hecho, la organización otorgó este año la Máscara del Carnaval a las modistas de la formación, artesanas que, entre bambalinas, sostienen la arquitectura de la fiesta.

Del tablero de oca a la baraja española
El desfile se convirtió en un gran casino familiar al aire libre. Los más pequeños se enfundaron en disfraces de fichas de parchís y dominó. Otros recreaban el tablero de la oca sin olvidar hitos clásicos como el puente o la prisión. La temática lúdica se completó con la incursión de la baraja española y los pierrots franceses. El Carnaval de San Pedro del Pinatar destaca por su arraigo popular y la amplia participación de los pequeños y adolescentes en las comparsas, que trabajan durante meses tanto los disfraces como las coreografías.

Héroes, marionetas y rítmica en rosa
Hubo hueco para el costumbrismo y la cultura pop. Las jóvenes de Rítmica Pinatar inundaron el asfalto de rosa con una estética ‘cowgirl’. Por su parte, la comparsa La Higuera de la Poca Vergüenza apostó por la nostalgia de los cuentos clásicos al convertir a sus miembros en marionetas, una propuesta que rompió la linealidad del desfile. No faltaron los superhéroes de barrio ni el universo de ‘Harry Potter’, demostrando que el Carnaval es ese paréntesis donde, como ocurre en las fiestas, el vecino se olvida de todo para ser mago por un día.













