San Pedro del Pinatar no camina durante estos días: procesiona. En la noche de Martes Santo, el municipio costero se dividió entre el silencio de la promesa y el estruendo del metal para celebrar una de sus jornadas más icónicas. Las calles del casco urbano se transformaron en un escenario de fervor donde la devoción se mide por el peso de los tronos y el compás de las bandas.
El realismo de la Piedad
La procesión de las Promesas tuvo como eje central la sobrecogedora talla de la Piedad, obra de Manuel Ribera Girona. El realismo del dolor de la Virgen, escoltado por el piquete de Caballeros Cadetes de la Academia General del Aire, impuso un respeto que solo rompía el desfile de la compañía de Granaderos de Cartagena. Es la imagen de la soledad compartida por un tercio de manolas que, bajo la mantilla, custodian una tradición arraigada.

Un huerto de sentimientos
Previamente, el Prendimiento marcó el pulso con la Oración del Huerto, el Cristo de Medinaceli y el Santísimo Cristo del Perdón. Cuatro formaciones musicales, entre ellas la Unión Musical de San Pedro del Pinatar, articularon el ritmo de los tercios en una noche donde el Martes Santo se vive con intensidad.
Datos clave:
-
Imágenes: La Piedad, Oración del Huerto, Medinaceli y Cristo del Perdón.
-
Escultor: Manuel Ribera Girona (La Piedad).
-
Participación: AGA, Granaderos de Cartagena y cuatro bandas de música.
-
Ambiente: Casco urbano de San Pedro del Pinatar.
¿Qué siente un espectador al ver convivir en la misma calle la marcialidad de los cadetes de la AGA con el barroco andante de los tronos pinatarenses?
«La madera no habla, pero el rostro que le dio el gubia dice todo lo que el hombre calla», dice un antiguo aforismo de imaginería.














