Sacristán en el altar de Fernán Gómez: el milagro de dos maestros de la palabra viva

Sacristán actuando en el escenario con una silla y un baúl
El maestro Sacristán ofrece un largo monólogo sobre el texto de Fernán Gómez.

Alexia Salas.

Sacristán tiene eso. Aparece en el escenario con humildad, pero es inevitable la reverencia a este maestro con toda una vida en los escenarios. Con 88 años, el actor de Chinchón regala todo su talento acumulado, sin titubeos, sin perder la concentración ni siquiera con el insufrible timbre de los móviles, con su voz oscura pero cálida que llena todo el teatro, con esa inigualable riqueza de recursos, ese largo oficio de contar metiéndose en todas las pieles, ya sea la abuela o el niño, el hombre sabio por tan baqueteado por la vida, el hombre iluso y soñador que duerme en cama fría y apenas come, el hombre pobre que se planta ante las absurdas pretensiones de un padre ausente pero impositivo. Todos esos hombres que somos todos, que alguna vez hemos sido.

El hombre que fue Fernando Fernán Gómez, su amigo durante décadas -se nota el cariño hasta rebosar- es el que habla a través de Sacristán, que lleva la obra más allá del teatro. Con ‘El hijo de la cómica’, Sacristán hace un acto de justicia poética, pone los acentos y las comas de una vida difícil, la de los niños que vivieron la Guerra Civil española y la posguerra franquista, que ahora algunos idealizan, como si miles de abuelas como la Carola no hubieran pasado calamidades y rogado en silencio por las noches.

Con la categoría de maestro, unos modos elegantes ganados con los años, y esa versatilidad de cómico, que lo mismo te pellizca la fibra de la ternura que la de la risa, que te roba de allá adentro un recuerdo de esos que tenemos todos de la infancia, porque, como dice el texto del ‘raro’ de Fernán Gómez, «mi abuela era como todas las abuelas».

Sacristán y el público, a solas. En el largo monólogo que se ‘curra’ como un jovencito, con un baúl y una silla de anciana como toda escenografía, lo que emprende es un diálogo con los espectadores boquiabiertos, con la sombra de Fernán Gómez mediante. El maestro dio una lección de manejo de los silencios, de dejar reposar las frases en su momento justo, de narrador inspirado en su punto justo, sin trucos ni artificios.

Le acompaña la belleza dolorosa y lúcida del texto extraído de las memorias y reflexiones de Fernán Gómez. La España amarillenta de papel de periódico viejo, de la ropa zurzida, de los cómicos de la legua, del hambre de pan y el hambre de cultura.

«Hay cosas que nunca pueden separarse de nosotros, como la luna», dice Fernán Gómez a través de Sacristán. El que fue miembro de la real Academia de la Lengua Española, ganador de varios Premios Goya, escritor, famoso por sus malos prontos, fue una ‘rara avis’ de la interpretación: con su pelo zanahoria y ese cuerpo larguirucho y desgarbado, no era ni galán ni el típico adlátere cómico.

Su amigo y compañero de ‘El viaje a ninguna parte’, ese regalo que nos dejó Fernán Gómez, le rinde tributo y le recuerda con una lección magistral de teatro. Sacristán nos recuerda que, al final, el teatro es un hombre, una luz y la palabra bien dicha. Una absoluta maravilla que el público reconoció en San Javier con una larga ovación en pie.

‘EL HIJO DE LA CÓMICA’

Dónde: Teatro de Invierno de San Javier

Cuándo: Jueves, 12 de febrero de 2026.

Calificación: Magistral.