Adelina Soto, insignia a la Mujer Luchadora de Los Alcázares: «Estoy muy orgullosa de mi pueblo»

Adelina Soto Brocal, a sus 82 años, ha enfrentado la muerte de varios hijos y familiares, lo que le ha dejado profundas heridas. Recientemente recibió el premio a la Mujer Luchadora de Los Alcázares, que reconoce su resistencia y fortaleza ante la adversidad.
Adelina Soto rodeada de familiares y amigos en un evento de reconocimiento
Adelina Soto con su familia en el hotel La Encarnación, donde se celebró el homenaje.

La enfermedad y la muerte han sido compañeras inseparables de Adelina Soto Brocal a lo largo de su vida. A sus 82 años, esta mujer fuerte se queja de un dolor en el cuello que no la deja vivir, pero sus heridas más profundas no se ven a simple vista. Le sangra una por cada hijo que ha perdido, el último hace solo seis meses. Adelina ha tenido que despedir por culpa de la hemofilia a tres de los 8 hijos que le nacieron, más una pequeña que tampoco tuvo futuro por otra enfermedad. Acaba de recibir la insignia a la Mujer Luchadora de Los Alcázares, un reconocimiento que concede el PSOE local, con motivo del Día Internacional de la Mujer.

«Me hizo mucha ilusión ver a la gente de mi pueblo en ese reconocimiento», cuenta Adelina de las escasas alegrías que le ha concedido la vida. «He enterrado a dos hermanos, a mis padres y a cuatro hijos», hace recuento de sus penas. Ha visto tantas veces la cara a la muerte que, confiesa, «aún no veo las cosas con distancia». La vida no le da tregua. Apenas puede atravesar sus duelos, porque su marido, ya con 89 años y trabajado como está de tantos años en el campo, padece varias enfermedades que requieren atención.

Adelina Soto recibiendo un premio en un evento en Los Alcázares
Adelina Soto, homenajeada por su fortaleza y resistencia ante la adversidad, con el alcalde de Los Alcázares, Mario Pérez.

Le consuelan sus hijas y sus vecinas más cercanas. Su hija Encarni Pérez Soto es una de las comerciantes más populares de Los Alcázares para varias generaciones de vecinos, ya que se ocupa del quiosco de golosinas que lleva décadas entre la rambla y el colegio Bienvenido Conejero.

De su infancia, Adelina recuerda haber crecido junto a la iglesia Virgen de la Asunción, hija de una madre trabajadora. «Hacía una olla de habichuelas y, lo que quedaba, para la noche», no se le olvida a la homenajeada, que recibió la insignia en un acto en el hotel balneario La Encarnación. Su pueblo le ha rendido el reconocimiento a esa lucha sin desfallecer.